El valor de una decisión familiar

Posted on Posted in Uncategorized

Somos un proyecto familiar que se desarrolla en nuestra propiedad de 8 hectáreas en la parroquia de Tumbabiro, provincia de Imbabura, a tres horas de Quito (Ecuador). Estamos ubicados en una zona de producción intensiva de alimentos vendidos a gran escala a través de las cadenas de supermercados. Por lo tanto estamos en una zona de alto consumo y de uso indiscriminado de agroquímicos. Recorriendo los campos productivos vemos pimientos, brócolis, col morada, tomates, vainitas, frejol, espárragos y a nivel de cultivos más andinos, encontramos caña de azúcar y alfalfa a gran escala. También nos topamos con enormes galpones de crianza de pollos que albergan entre 4000 y 5000 pollos cada uno. Podemos concluir que el uso del agua está acaparrado por las grandes empresas y la calidad del agua no tiene ningún control y se supone altamente contaminada. En este contexto difícil nace nuestra zona ecológica “La Loma del Aguacate”. En un corto tiempo ha llamado la atención, especialmente de pequeños agricultores, propietarios de 10, 15 hasta 20 hectáreas quienes intrigados por el nuevo diseño que se observa preguntan acerca de nuestras técnicas, nuestras ideas, nuestro objetivo.

El punto de partida es la oportunidad de la tierra, que aún existe en Ecuador, particularmente en zona rural en donde familias o personas mayores cansados y con sus hijos “modernizados” abandonan el cuidado de sus fincas. En pueblos “sin futuro” o con futuro solo para grandes empresarios, en suelos degradados, en fincas abandonadas y sin agua. El costo de una propiedad está entre suelos con agua y sin agua, esto no significa que no exista la posibilidad del agua pero entra en la dinámica de luchar con los acaparadores del agua, que son las grandes empresas.

Y aquí vienen el milagro de la permacultura y el valor de una decisión familiar no solo de abandonar el consumismo urbano sino de enfrentar estas dificultades con la esperanza de lograr en el menor plazo posible condiciones de sostenibilidad.

Aunque exista esta oportunidad de la tierra, no se puede dar el siguiente paso sin la decisión de experimentar un cambio cultural en la producción y el consumo. Y esto es nuestra decisión de desarrollar un proyecto familiar y crear una zona ecológica. Zona donde demostramos la importancia de proteger y conservar las especies nativas como la Tara Espinosa (Caesalpinia spinosa) o Guarango, planta forrajera y melífera con propiedades alimenticias y con un alto contenido de taninos que se utilizan en la curtiembre de pieles; o especies como el Cholan (Tecoma stans) que representa una especie melífera y con propiedades de recuperación de materia orgánica en la zona; o la Tuna (Opuntia tuna) en donde cosechamos un fruto agradable y la cochinilla (Dactylopius cocus costa) insecto del cual se obtiene un colorante natural fino (el carmín); o el Algarrobo (Mimosa Quitensis) que representa la sombra propia de este clima y que es utilizada para la alimentación de animales. Esta recuperación y conservación de bosques de nuestra zona ecológica llama la atención especialmente porque han sido eliminados para los grandes campos de producción.

Nuestra rebeldía de creer que en estas condiciones agrícolas y culturales vamos a crear nuestra sostenibilidad que propone la permacultura: vamos a trabajar en nuestra permanente cultura y permanente agricultura. Nuestra rebeldía nos ha llevado a descubrir un camino que esperábamos: una producción inicialmente pequeña de una diversidad de frutas y legumbres; un diseño estratégico que se presenta funcional y estético y que busca aprovechar al máximo humedad y agua; una recuperación de las especies arbustivas, forestales y medicinales; un descubrimiento de nuestra vegetación que no terminamos de conocer con el apoyo de personas de la zona que han revalorado su conocimiento transmitiéndonos estos saberes.

La valoración de la tierra, no basta tener los recursos económicos para tenerla, es necesario habitarla, rediseñarla, y en poco tiempo experimentamos un cambio, lo cual está observado por los habitantes de la zona durante el proceso.

Hace también falta una conspiración familiar que permite imaginarse como enfrentar problemas como el de la educación y la salud en el campo. Es necesario investigar permanentemente la medicina natural, el uso y la aplicación de las plantas medicinales y estar dispuestos a “aprender a aprender”.

La importancia de contar con suficiente tiempo para la observación, la cual es un principio básico y fundamental de la permacultura. Observar, valorar y decidir como insertarnos en este punto ecológico de nuestra creación respetando sobre manera nuestros procesos de vida.

La dimensión social: es un proyecto de puertas abiertas que ofrece tiempo, dedicación, y generosa información para quien lo visita. Ofrece una experiencia demostrativa, en síntesis es un ejemplo vivo de la aplicación de la permacultura. Se vuelve un ejemplo para las familias de la zona y de la región que desean cambiar su estrategia como fruto de su crisis productiva, económica, cultural y ecológica. Es también un ejemplo para personas urbanas, muchas de las cuales mantienen un contacto con nosotros, soñando de un cambio laboral, cultural, en medio de una crisis de desempleo y miedo al futuro, ellos con mayor formación y un interés más calculado están siempre interrogando sobre las dificultades y los logros de nuestro camino, nuestro proyecto.

Abrigamos en todo este proceso el principio de “enseñar a quien quiere ser aprendido”, no llamamos a la revolución permacultural, es una decisión para una opción de vida, de nosotros mismos estamos aprendiendo hacer felices, venimos también del mundo de alto consumo, de trabajos “estables”, a pesar de valorar nuestra capacidad crítica y auto critica tenemos que aprender de la paz que ofrece este reto, alimentarnos de nuestra producción, a desarrollar procesos de bioconstrucción, a “educar para ser” y a vivir en lo más posible en contacto con la naturaleza.

Carlos Penagos

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *